Mientras su hijo Daniel Sancho continúa en la cárcel tailandesa de Surat Thani a la espera de conocer la sentencia del Tribunal de Apelaciones de Phuket sobre el recurso interpuesto por sus abogados tras ser condenado en agosto de 2024 a cadena perpetua por el asesinato y descuartizamiento del cirujano colombiano Edwin Arrieta -la decisión ya estaría tomada y se hará pública en breve-, y días después de salir a la luz que su relación con su madre está completamente rota y que Silvia Bronchalo habría decidido dejar de enviarle dinero a prisión, Rodolfo Sancho continúa volcado en el trabajo.
Después de varios meses alejado del foco mediático, el actor ha reaparecido este martes en el plató de ‘Y ahora Sonsoles’ para promocionar su nueva serie, ‘Trazos ocultos’, que protagoniza con Toni Acosta y se estrenará próximamente en Antena 3 y se ha sincerado como nunca con Sonsoles Ónega sobre el crimen cometido presuntamente por su hijo, revelando cómo se enteró y cómo ha logrado no hundirse anímicamente tras este durísimo e inesperado varapalo.
Como ha asegurado, no es el paso del tiempo sino «la mentalidad que tengas» lo que «cura todo» y hace mitigar su dolor cuando se acaban de cumplir 3 años de la detención de Daniel por el asesinato y descuartizamiento de Edwin Arrieta en la isla tailandesa de Koh Phangan cuando ambos se encontraban disfrutando de unas vacaciones juntos en el país asiático.
Echando la vista atrás, Rodolfo ha desvelado que «Daniel estuvo en Fuerteventura conmigo antes de irse a Tailandia. Tengo unos recuerdos muy bonitos del verano, barbacoas, bañarse en la playa… Lo pasamos bien». Fue la última vez que le vio antes de reencontrarse en una cárcel tailandesa, cuando como reconoce «pudimos ver el dolor en los ojos de cada uno de nosotros».
No fue Daniel quien le contó la noticia del asesinato del colombiano, sino que como ha relatado descubrió lo que había sucedido y que su hijo había sido detenido «porque un familiar me envía el teletipo con esa noticia y me entero así». Es decir, como el resto del mundo. Y fue 48 horas cuando pudo hablar por teléfono con el joven. «En todo este proceso reaccioné como creo que reaccionaría cualquier ser humano. Primero es un shock brutal, mucha impresión. Eso me lleva a un estado de disociación porque la situación es muy fuerte. Cuando digo disociación es esa sensación de que no estás viviendo algo real, sensación de incredulidad, acompañado de tristeza. Todo esto provoca un enorme estrés, lógicamente», ha expresado a corazón abierto.
Sin embargo, para no hundirse, optó por intentar ser pragmático, ya que «si te ciñes solo a lo que puedes hacer tú, rebajas un poco el estrés y consigues llevar las cosas con un poco más de tranquilidad. Suena fácil, pero no lo es». «Enseguida la situación me requería dejar todo eso a un lado. Supongo que eso me ayudó a sobreponerme momentáneamente del asunto. En ese momento no tengo tiempo ni de apoyarme en nadie ni de nada. Me pongo en marcha enseguida. Llamar a la embajada, hacer gestiones…», ha explicado, sin ocultar que «los primeros días fueron difíciles», aunque enseguida decidió dejar su desolación a un lado para implicarse en la defensa de su hijo.
Tres años después de la entrada en la cárcel de Daniel, y a la espera de saber si la Justicia tailandesa reduce su cadena perpetua -aunque también podría aumentarla y condenarlo a la pena de muerte, una opción que parece poco probable- Rodolfo ha confesado que a pesar de todo «me sentiría un hipócrita quejándome, porque a pesar de todo sigo creyendo que tengo una vida privilegiada. Intento siempre ser positivo porque si no caes en algo en lo que no quiero caer. Solo si la vida te pone a prueba eres capaz de ver de qué estás hecho».
Además, y como ha expresado agradecido, los problemas legales de su hijo no le ha cerrado puertas en lo profesional sino todo lo contrario, ya que durante estos años no ha dejado de encadenar un proyecto con otro. Respecto al documental que ha protagonizado hablando del caso, ha dejado claro que si aceptó hacerlo fue para sufragar los enormes gastos que supone la defensa del chef: «Traducir una página de 350 palabras de tailandés a inglés cuesta 25 euros. Y creo que más o menos se han traducido 8.000 folios» ha comentado, revelando que sin embargo sus abogados Marcos García Montes y Carmen Balfagón, «no me han cobrado nada, lo han hecho de puro corazón».