Canal Houses análisis – Arquitectura de bolsillo

Andrea Moncada
Canal Houses (conocido originalmente como Grachtenpand), es un título de Zach Hoekstra y Jason Gamber llega ahora a nuestras mesas de la mano de Devir. Representa el encanto de la arquitectura Holandesa en una caja.

UN PEDACITO DE ÁMSTERDAM EN EL TABLERO

CANAL HOUSES Tengo que admitir que cuando este juego llegó a mis manos, me hizo especial ilusión. Las personas que me conocen saben que Amsterdam es una de mis ciudades favoritas. Que tiene un aura que me encanta y enamoran sus canales, las casas con fachadas peculiares, los tulipanes y las bicicletas. Poder tener un trocito de esta ciudad en mis manos, y jugar a reconstruir sus casas, tiene mucho encanto. Canal Houses es un juego es tan elegante como una de esas casas estrechas que flanquean el Prinsengracht. Los jugadores tendremos que construir nuestra propia calle de edificios icónicos. La estructura del juego es estrictamente vertical, y apelando al sentido común, una casa debe empezarse por los cimientos. Primero el comercio en la planta baja, luego las ventanas y, finalmente, el tejado a dos aguas. La dinámica de turnos es ágil y muy fluida. En Canal Houses, tendremos que robar una carta, ya sea tienda, ventana o tejado. Con esta, debemos ir reconstruyendo nuestra calle, o en caso de que no sea de utilidad, “tirarla al canal” (descartarla). Una vez jugada la carta, debemos pasar las 3 cartas que nos quedan en la mano, a nuestro vecino.

CANAL HOUSES Y EL ARTE DEL DRAFTING

Este es el ciclo de la partida en Canal Houses. Robar, construir y pasar, esto nos genera una tensión constante entre lo que necesitamos para nuestra propia calle y lo que estamos dejando de utilizar. Lo que no gastamos nosotros, llegará a las manos de nuestro contrincante para que lo pueda aprovechar. El sistema de puntuación es donde reside la verdadera profundidad estratégica. No basta con apilar cartas, cada tienda y cada tejado imponen condiciones específicas para ganar puntos. Quizás una tienda requiera que el edificio tenga al menos tres banderas o dos gatos por las ventanas. Los tejados, por su parte, pueden puntuar si el edificio alcanza una altura determinada o si es más alto que los colindantes. Aquí es donde tenemos que rompernos la cabeza, para optimizar nuestros recursos y obtener flores, pájaros o gatos, estos nos darán la victoria. El punto fuerte indiscutible de Canal Houses es su coherencia temática. Las ilustraciones de Jason Gamber no son meros adornos, sino que son funcionales. La iconografía está integrada de forma que, al finalizar la partida, los jugadores no vemos un despliegue de cartas, sino una auténtica postal. A título personal, valoro enormemente la simplicidad de su flujo de juego. Canal Houses se explica en cinco minutos, pero que requiere varias partidas para dominar la gestión de tiempos y recursos. El hecho de que el juego termine en cuanto alguien completa su cuarto edificio obliga a los jugadores a equilibrar entre dos variables. La búsqueda de hacer edificios altos y complejos, con la velocidad de cerrar edificios antes de que nuestros rivales puntúen más.

LA CARRERA POR EL CUARTO EDIFICIO Y EL BONO DE COLOR

Además, tenemos un bonus extra de puntuación, que añade una capa de complejidad muy interesante. Premiarnos como el jugador que consiga el grupo más grande de cartas del mismo color incentiva a no mirar solo las condiciones de puntuación individuales. Nos invita a buscar una afinidad de colores en toda la hilera de casa. No obstante, ningún diseño es perfecto. El principal riesgo de Canal Houses es la dependencia del azar en el mazo de cartas. Aunque el sistema de draft entre jugadores mitiga esto, es posible que nos quedemos bloqueados esperando un tipo específico de tejado que nunca llega. Por el contrario, puede pasar que nuestros oponentes cierren los edificios con facilidad. En definitiva, Canal Houses es un juego sencillo de explicar y entretenido que podemos llevarnos a cualquier parte. Si buscas un juego que entre por los ojos y deje un buen sabor de boca, la propuesta de Devir es Heel Mooi (¡Muy bonita!).

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