Bananya nació como una serie de animación japonesa compuesta por episodios muy cortos y protagonizada por, literalmente, gatos que viven dentro de plátanos. Suena a locura absoluta, ¿verdad? Pues esa misma premisa con imagenes kawaii (tiernas) lleva años arrasando a nivel global. Originalmente concebido y publicado por la editorial estadounidense Japanime Games, conocida por adaptar grandes éxitos de la cultura otaku. Este título ha llegado a España de la mano de SD Games.
BANANYA ES UNA AUTÉNTICA MONADA

Los componentes y la presentación física del juego son algo que en la época que vivimos, es vital cuidar y dedicarle mimo. La caja de Bananya es compacta y perfecta para llevarla en el bolso o la mochila. Nos sirve si hemos quedado para tomar algo, para la piscina o si nos escapamos de viaje un fin de semana. Pero el verdadero acierto de diseño, y lo que nos saca la primera sonrisa, es que la propia caja forma parte activa de la partida.
Bananya se compone de una baraja de 64 cartas que incluye múltiples copias de los diferentes tipos de Bananyas, además de las cartas de ratón. Además, se incluyen unas cartas de referencia grandes y con una tipografía muy clara, perfectas para no forzar la vista. Pero el toque magistral está en la caja. La tapa inferior está decorada simulando ser la caja de arena de un gato (con su correspondiente palita dibujada en el fondo). Durante el transcurso de la partida, el arenero hace las veces de pila de descartes.
JUGABILIDAD Y COLECCIONISMO GATUNO

Bananya es un juego de colección de conjuntos diseñado para partidas de 2 a 4 jugadores, con una duración de unos 20 minutos. El objetivo es muy sencillo de entender, pero bastante peliagudo de ejecutar: Tener los 10 gatos Bananya diferentes.
Para la preparación se reparten 7 cartas a cada jugador para su mano inicial, y el resto del mazo se coloca boca abajo, al medio. Durante nuestro turno, la mecánica fluye de una manera muy dinámica y sin apenas esperas entre turnos. Robamos una carta, pudiendo elegir entre cogerla a ciegas del mazo principal o sacar la primera del arenero de descartes. Elegimos una carta de nuestra mano y la descartamos en la caja de arena. Si la carta que acabamos de descartar tiene una habilidad especial, dicha habilidad se activa en ese mismo instante.
Las habilidades de las cartas son las que acaban con la tranquilidad de la partida, convirtiendo robar y descartar en un festival de puñaladas traperas. Por ejemplo, jugar un Bananya Bebé obliga a que otro jugador tenga que descartarse de una carta valiosa de su mano. Bananya Pirata otorga el poder de nombrar un tipo específico de gato y obligar a todos los jugadores que lo tengan a entregárnoslo. Pero la más temida es el Ratón, obliga a todos los jugadores a barajar su mano y pasar la carta superior al jugador siguiente.
UN FINAL DE PARTIDA MUY TENSO

La tensión va aumentando exponencialmente a medida que intuyes que las manos de tus oponentes se van llenando. Cuando logras reunir los 10 Bananyas distintos, no basta con enseñarlos en silencio: las reglas te exigen que grites «¡NYA!». Eso sí, mucho cuidado con venirte arriba antes de tiempo. Si te equivocas y cantas victoria sin tener los 10 gatos correctos (recordemos que las cartas de ratón no cuentan), tendrás una penalización. Debes barajar tu mano y descartar dos cartas al azar. Este castigo en la recta final de la partida te deja prácticamente fuera de combate.
En definitiva, Bananya es una gran opción para sentarte frente a tu pareja o tus amigos, apagar un rato el móvil y desconectar del estrés. Por supuesto, es genial jugar por el placer de fastidiarles la mano de cartas mientras gritas «¡Nya!» a carcajadas. Sencillo, directo y muy recomendable.