La histórica celebración de la Diada del 11 de Setembre de 1976 en Sant Boi de Llobregat (Barcelona) cumple este viernes 50 años, y destaca por ser la primera gran manifestación organizada de forma legal tras casi cuatro décadas de prohibición bajo la dictadura y tras la muerte de Francisco Franco en noviembre de 1975.
La jornada congregó a decenas de miles de personas en un acto masivo organizado por la Assemblea de Catalunya, que se convirtió en una demostración de fuerza de la oposición antifranquista y en la piedra angular de la transición democrática en Catalunya con tres demandas claras: ‘Llibertat, amnistia i estatut d’autonomia’ (‘Libertad, amnistía y estatuto de autonomía’).
Las estimaciones de asistencia tras el acto oscilaron según las fuentes, situándose entre las 35.000 personas reconocidas en los informes oficiales de la época y las más de 100.000 que llegaron a contabilizar los organizadores en la plaza Catalunya de la localidad del Baix Llobregat y las calles adyacentes.
PROHIBICIÓN EN BARCELONA
Inicialmente, las entidades unitarias de la oposición al franquismo pretendían convocar la concentración en el Parc de la Ciutadella de Barcelona.
Sin embargo, el entonces gobernador civil de Barcelona, Salvador Sánchez-Terán, prohibió tajantemente la celebración dentro del término municipal de la capital catalana.
El catedrático en Historia Contemporánea por la Universitat de Barcelona (UB) Carles Santacana explica en declaraciones a Europa Press: «El Gobierno no quiere prohibirla de forma radical, pero quiere que lo que se pueda hacer tenga poco eco y esté totalmente controlado».
Tras intensas negociaciones a contrarreloj entre los representantes de la Assemblea de Catalunya y las autoridades civiles, el Gobierno autorizó el acto ‘in extremis’ a apenas 48 horas de su celebración, trasladando el escenario a Sant Boi: «Creen que es más difícil que haya una movilización muy masiva», expone Santacana.
La elección no fue casual: en la iglesia de Sant Baldiri de Sant Boi reposan los restos mortales de Rafael Casanova, conseller en cap de Barcelona durante el sitio de 1714, lo que dotaba al enclave de un elevado simbolismo histórico.
MOVILIZACIÓN MASIVA
A pesar de la lejanía respecto al centro de Barcelona y de los impedimentos de las autoridades, miles de ciudadanos se desplazaron masivamente durante toda la mañana del sábado 11 de septiembre de 1976 hacia el Baix Llobregat.
La imagen de los asistentes portando senyeras (muchas de ellas confeccionadas artesanalmente en casas y locales clandestinos ante la escasez de banderas en el mercado legal) marcó un hito en la Transición.
«El gobierno Suárez vio clarísimo que, en relación no solo al proceso de democratización de todo el Estado, sino en relación a Catalunya, algo debía hacer. Es evidente que existía una movilización muy importante», afirma Santacana.
Fue una manifestación masiva, mayormente cívica y autorizada, pero muy controlada en todo momento por el Gobierno Civil, como reflejaban los carteles y pancartas organizativos.
De hecho, Sánchez-Terán exigió que el presidente de la Generalitat entonces en el exilio, Josep Tarradellas, no tuviera un papel protagonista; impidió el término ‘nacional’ asociado a la Diada de Catalunya, y pidió conocer el contenido de los discursos bajo amenaza de desconectar Ràdio Barcelona, que retransmitió la jornada, si se desviaban de lo pactado.
DISCURSOS PARA LA HISTORIA
El acto central contó con la participación de destacadas figuras políticas y culturales de la resistencia antifranquista, en una tribuna que representó la unidad de la oposición democrática, desde el comunismo hasta el catalanismo moderado: «Todas las banderas son ‘senyeres’ y todas las consignas son unitarias», explicaba entonces Ràdio Barcelona a sus oyentes.
El histórico dirigente de la Assemblea de Catalunya, Jordi Carbonell, fue uno de los oradores más aclamados y pronunció una frase que quedó grabada en el imaginario colectivo catalán: ‘Que la prudència no ens faci traïdors’ (‘Que la prudencia no nos haga traidores’).
Por su parte, el abogado y futuro líder de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), Miquel Roca Junyent, intervino en representación de la comisión organizadora para reclamar la restauración inmediata de las instituciones de autogobierno catalanas, y el escritor e intelectual Octavi Saltor intervino con un discurso más cultural y patriótico.
LA UNIDAD ANTIFRANQUISTA
La Diada de 1976 reflejó el momento de máxima unidad entre las distintas sensibilidades de la oposición, articuladas a través de la Assemblea de Catalunya y otras organizaciones políticas, culturales y sindicales: «La reivindicación de la autonomía era transversal, desde partidos conservadores hasta la izquierda, y tenía un apoyo popular», valora Santacana.
Partidos entonces clandestinos como el PSUC, el PSC-Congrés, ERC, CDC y el Front Nacional de Catalunya compartieron carteles, proclamas y pancartas con sindicatos como CC.OO. y UGT en un reclamo unánime de libertades democráticas, amnistía para los presos políticos y autonomía para Catalunya.
CONJUNTO DE LUCHAS
La reivindicación catalanista y por las libertades era principal, pero permitió la confluencia de otras reivindicaciones, según reflexiona en declaraciones a Europa Press Antonella Medici, comisaria de la exposición ’11 de setembre de 1976. Tàctiques de llibertat’ inaugurada este martes en el Museu de Sant Boi.
«La senyera era un símbolo de reivindicación de muchísimas otras luchas, y eso es muy bonito», reflexiona en declaraciones a Europa Press, en referencia al feminismo, el ecologismo, el antifascismo y las reivindicaciones obreras, sindicales, populares y culturales.
Destaca también el carácter integrador de los discursos en temas como la migración del resto de España y la conciencia de solidaridad internacionalista, y señala el sentido de recuperar la memoria de ese momento desde la mirada actual: «La memoria se construye desde el presente constantemente».
LA DIADA DEL MILLÓN
La concentración de Sant Boi de 1976 sentó las bases organizativas y políticas que permitirían, solo un año después, la masiva manifestación del 11 de septiembre de 1977, la ‘Diada del milió’ (‘Diada del millón’), que reunió a 1 millón de catalanes, esta vez sí en el centro de Barcelona.
Se produjo tras las elecciones de junio de 1977 y precipitó el regreso de Tarradellas y la restitución provisional de la Generalitat en octubre de 1977; algo más de un año después de la Diada de Sant Boi, catalizador del fin de la clandestinidad del catalanismo y arranque de la recuperación institucional de Catalunya en la España después del franquismo.