La escritora Zadie Smith, que acaba de publicar ‘Muertos y vivos’ en Salamandra (castellano) y Jande (catalán), ha asegurado este lunes que no le gustan las posiciones de autoridad: «De lo que hago, lo que me gusta es pensar, no proclamar lo que pienso», ha afirmado en un encuentro con periodistas de este lunes.
‘Muertos y vivos’ es una colección de ensayos de temas que han ocupado la mente de la autora a lo largo de los últimos años, que van desde el arte hasta la memoria y la política, con referencias a figuras como Joan Didion, Toni Morrison y Celia Paul.
«Muchas de ellas son comisiones, así que es un libro que más o menos se escribe solo. Mi único rol es organizar el material. Supongo que siempre estoy intentando ofrecer a los lectores una forma distinta de moverse a través de una idea», afirma Smith.
ARTE Y POLÍTICA
La escritora ha asegurado que cuando era joven, si bien no creía que el arte estuviese totalmente divorciado de la política, sí pensaba «que la política era una cosa muy seria»; con los años, sin embargo, dice haberse dado cuenta de que es, en esencia, un asunto de discurso.
«Cuando la política se disloca de la realidad material entramos en este juego lingüístico, y eso es propaganda pura. Por eso me hacen estas preguntas. Al final, los escritores lo único que tenemos es quizás una forma algo distinta de expresarnos sobre las cosas», ha apuntado Smith.
Sin embargo, insiste: «No quiere decir que los escritores tengan ni idea de nada de las políticas materiales. ¿Por qué la tendrían? La mayoría de escritores son unos bobos».
POLÍTICA REAL
Smith asegura que su propia historia es un «muy buen ejemplo» de los efectos de la política real, ya que nació en la pobreza absoluta, pero el Ayuntamiento de Londres les proporcionó un piso, una educación y una salud.
Compara su situación con la del escritor francés Édouard Louis, con quien mantendrá una conversación este lunes en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (Cccb): «Al final yo soy la persona negra y él es la persona blanca, pero las cosas no siempre funcionan así, aunque haya sido ese el discurso de los 40 años».
«Es un discurso totalmente absurdo y estéril. Es totalmente absurdo hablar de privilegio blanco masculino hablando de Édouard Louis», ha añadido.
EL PASO DEL TIEMPO
Otro de los temas que planan sobre varios de los ensayos recogidos en ‘Muertos y vivos es el paso’ del tiempo, aunque Smith no tiene claro cuál es su relación con esa cuestión: «Supongo que estoy intentando sobrevivir a la edad o ser realista. Al final, hablo de ello con mucha gente y llega un punto donde sea ofensivo, pensar en la edad».
«Hace poco me he dado cuenta, hablando con amistades unos 10 años más jóvenes que yo, que ahora todos empiezan a hacer los 40, que se piensan que están llegando a la mediana edad de una forma distinta. Como si hubiesen resuelto esto de envejecer. Me parece que es algo inevitable con cada generación», reflexiona.
EVOLUCIÓN LITERARIA
Desde que escribió ‘Dientes blancos’ en el año 2000, explica que ahora le gusta tener un mayor control sobre lo que escribe, y que trata de rehuir los personajes cómicos, haciéndolos más humanos: «Me he dado cuenta de que la gente es mucho más complicada de lo que yo me pensaba cuando tenía 23 años».
Además, ahora está expuesta a muchos otros tipos de literatura, pasando de leer principalmente literatura inglesa a entrar en contacto con la tradición japonesa, coreana, francesa, alemana o incluso española.
«Hay este espíritu en la literatura española que a mí, que soy muy prosaica y muy realista, me cuesta un poco, pero me parece muy interesante, y creo que es muy valioso de cara a la metáfora política», destaca.
Actualmente, Smith trabaja en un guion de televisión, aunque admite que en los últimos 16 años no ha visto otra cosa que películas infantiles: «He escrito más películas de las que he visto últimamente», ha bromeado.
LA RELACIÓN CON LA TECNOLOGÍA
Smith usa un portátil, pero no lleva nunca un teléfono móvil encima: «A veces pienso que, salvo los pueblos indígenas de la jungla amazónica o la gente que vive en la pobreza más extrema, soy la persona que menos fotografías ha hecho desde 2008».
«No tengo un registro de mi vida, no hago fotos, no escribo dietarios. Entonces pienso que quizás esta sea mi forma de recordar, porque fuera de esto no tengo gran cosa para demostrar qué he estado haciendo los últimos 25 años», apunta, en relación a sus obras.
Afirma que «no hay nadie que sea inmune a los cambios que se han producido a lo largo de los últimos años» y, pese a insistir en que no es ninguna experta, dice que si hay gente en los niveles más altos de las empresas de IA diciendo que su rápido desarrollo es una mala idea, probablemente lo sea.
PARTICIPACIÓN Y «VERGÜENZA»
Smith señala que pese a que la innovación tecnológica ha cambiado todos los niveles de existencia humana, se hizo «sin ningún tipo de participación democrática por parte de la gente a quien iba a afectar».
Alerta, en la misma línea, de que tampoco está pasando con la IA: «No me puedo creer que estemos dispuestos a hacerlo por segunda vez», lamenta.
«Lo que nos debería dar vergüenza a todos, pero sobre todo a la izquierda, es que lo que hicimos fue poner un cambio absolutamente desregulado y absolutamente antidemocrático en manos de milmillonarios capitalista, sobre todo cuando es no es la historia que nos contamos. El relato que contamos es que estábamos cambiando el mundo, y ha resultado que eso no era así», ha subrayado.