Yo, Napoleón es un diseño del mítico Ted Raicer, editado originalmente por GMT Games en 2024. Tras un par de años y gracias al trabajo de Devir, podemos disfrutarlo plenamente en castellano. Si hay un personaje histórico por el que han corrido ríos de tinta ese es, sin duda, Napoleón Bonaparte.
Yo, Napoleón es un juego de cartas y gestión de recursos diseñado pura y exclusivamente para jugar en solitario. La premisa es ponernos en las botas del mismísimo Bonaparte desde sus inicios como oficial de artillería en 1793 hasta su muerte en 1821. Nuestro objetivo no es solo mover ejércitos y ganar batallas, sino gestionar absolutamente todas las facetas de su vida.
MECÁNICAS Y REGLAS DE YO, NAPOLEÓN

Hablamos de equilibrar la política interior para que no le corten la cabeza, coordinar la diplomacia exterior, comandar campañas militares y gobernar su vida personal. Esto último incluye gestionar a sus esposas, lidiar con sus amantes y manejar la presión de dejar un heredero legítimo en el trono.
La partida se divide en tres grandes eras de la vida de Napoleón, cada una representada por su propio mazo de cartas. El mazo de Comandante, el de Primer Cónsul y el mastodóntico mazo de Emperador. A medida que ascendemos en el escalafón político y militar, las responsabilidades y los quebraderos de cabeza crecen de manera exponencial.
El motor de Yo, Napoleón, es la Fase de Cartas de Acción. Cada año del juego robamos un número de cartas, dependiendo del azar y de los eventos. Es aquí donde nos toca tomar decisiones: ¿jugamos un evento asumiendo su coste económico o político, o lo descartamos para reservarnos para un momento mejor? Los recursos que manejamos son muy escasos y se dividen en cuatro: Administración (A), Diplomacia (D), Gloria (G) y Política (P). La Gloria es nuestro salvavidas, si llega a cero cuando somos Primer Cónsul o Emperador, abdicaremos y la partida se acaba de forma fulminante.
EL SISTEMA DE COMBATE Y LA DIPLOMACIA

El sistema de combate, estructurado en la Fase de Resolución de Campaña, es muy visual. Todo se resuelve mediante asaltos de combate representados por un lanzamiento de dado de 10 caras. A esta tirada se le aplican modificadores que provienen de los comandantes asignados, las cartas de Estrategia/Táctica y las cartas de las fuerzas enemigas. Lo verdaderamente interesante aquí es el límite que impone el reglamento: el modificador final nunca puede superar un +4 o un -4.
Por ejemplo: las batallas pueden acabar en victoria, derrota o estancamiento. Si nos quedamos estancados en el barro de Europa, perdemos 2 puntos de Gloria y tenemos que seguir luchando con penalizaciones en la siguiente ronda. Si sacamos resultados sanguinarios, mal asunto: cada carnicería que provoquemos restará puntos durante la Fase de Política Interna. A la gente de París no le gusta que haya muertes dentro de la juventud francesa, y con razón.
El tema diplomático en Yo, Napoleón, es otro cantar. A partir del momento en el que somos Primer Cónsul, cada año debemos tirar los dados para comprobar la actitud de Austria, Prusia, Rusia y España. Ojo, Inglaterra siempre nos odiará y se mantendrá en estado Hostil, son cosas de la época y de la historia. Podemos gastar puntos de Diplomacia para forzar tratados o mantener la paz, pero los aliados son increíblemente volátiles. A la mínima de cambio se moverán hacia la hostilidad para apuñalarnos por la espalda.
CONCLUSIONES

En definitiva, si os apasiona la historia con mayúsculas y os encantan los solitarios con una fortísima carga narrativa, Yo, Napoleón es para vosotros. Gobernar un imperio desde París, lidiar con la diplomacia de los monarcas absolutos y conseguir que no se os rebele España no es tarea fácil. Si estáis dispuestos a aceptar que la fatalidad de una bala perdida os puede costar la corona europea, necesitáis un hueco en vuestra ludoteca.