Viruela del mono: cómo se transmite, síntomas y tratamiento

Redacción

La viruela símica o ‘viruela del mono’ es una enfermedad rara, provocada por un virus transmitido de los animales a las personas, cuya tasa de letalidad ha variado mucho en las distintas epidemias que se han producido hasta el momento, según señala la Organización Mundial de la Salud (OMS) que advierte de que siempre ha sido inferior al 10 por ciento.

La mayoría de los brotes se han producido en la República Democrática del Congo, aunque desde su aparición en 1970 se han dado casos esporádicos en otros países dentro y fuera del contienen africano. Precisamente, desde que la OMS confirmara este martes de un caso de viruela símica en el Reino Unido, en las últimas horas se ha alertado de varios casos sospechosos también en Portugal y España (8 casos en Madrid).

La OMS destaca que los casos que aparecen son esporádicos incluso en algunas partes centrales y occidentales de la selva tropical de África. En África se han descrito infecciones humanas resultantes de la manipulación de monos, ratas gigantes de Gambia o ardillas infectados. Se considera que los roedores son el principal reservorio del virus. Un posible factor de riesgo es la inadecuada cocción de la carne de animales infectados.

La transmisión secundaria o de persona a persona puede producirse por contacto estrecho con secreciones infectadas de las vías respiratorias o lesiones cutáneas de una persona infectada, o con objetos contaminados recientemente con los fluidos del paciente o materiales de la lesión. La transmisión se produce principalmente por gotículas respiratorias, generalmente tras prolongados contactos cara a cara con el paciente, lo que expone a los miembros de la familia de los casos activos a un mayor riesgo de infección. La infección se transmite asimismo por inoculación o a través de la placenta (viruela símica congénita).

«Hasta la fecha no se ha podido demostrar que la transmisión de persona a persona por sí sola pueda sostener la infección por el virus de la viruela símica en los seres humanos», alerta la OMS en un informe publicado en 2019.

El brote más importante conocido se produjo en 1996-1997 República Democrática del Congo. Y el más importante fuera de este país se dio en 2017 en Nigeria. Fuera de Africa, la primera vez que se documentaron casos fue en 2003 en los Estados Unidos.

SIGNOS, SÍNTOMAS Y TRATAMIENTO

La OMS destaca que la tasa de letalidad en los distintos brotes se ha situado por lo general entre el 1 y el 10%, y la mayoría de las defunciones se producen en los niños pequeños. En general, los grupos de edad más jóvenes parecen ser más susceptibles a la viruela símica.

La viruela del mono es transmitida a las personas por diversos animales salvajes, como roedores y primates, pero tiene una propagación secundaria limitada a través de la transmisión de persona a persona. En los casos iniciales, la infección se produce por contacto directo con la sangre, los líquidos corporales o las lesiones de la piel o las mucosas de animales infectados.

El periodo de incubación de la viruela símica, es decir el intervalo entre la infección y la aparición de los síntomas, suele ser de 6 a 16 días, aunque puede variar entre 5 y 21 días. Y la infección puede dividirse en dos periodos. El primero, llamado periodo de invasión (entre los días 0 y 5), caracterizado por fiebre, cefalea intensa, linfadenopatía (inflamación de los ganglios linfáticos), dolor lumbar, mialgias (dolores musculares) y astenia intensa (falta de energía).

El periodo de erupción cutánea (entre 1 y 3 días después del inicio de la fiebre), cuando aparecen las distintas fases del exantema, que por lo general afecta primero al rostro y luego se extiende al resto del cuerpo. Las zonas más afectadas son el rostro (en el 95% de los casos), las palmas de las manos y las plantas de los pies (en el 75% de los casos). La evolución del exantema desde maculopápulas (lesiones de base plana) a vesículas (ampollas llenas de líquido), pústulas y las subsiguientes costras se produce en unos 10 días. La eliminación completa de las costras puede tardar hasta tres semanas.

El número de lesiones varía desde unas pocas hasta varios miles, y afectan a las mucosas de la boca (70% de los casos), los genitales (30%), la conjuntiva palpebral (20%) y la córnea (globo ocular). Algunos pacientes presentan linfadenopatía (inflamación de los ganglios linfáticos) grave antes de la aparición del exantema. Ese signo característico de la viruela símica permite diferenciarla de otras enfermedades similares.

La viruela símica suele ser una enfermedad autolimitada con síntomas que duran de 14 a 21 días. Los casos graves se producen con mayor frecuencia entre los niños y su evolución depende del grado de exposición al virus, el estado de salud del paciente y la gravedad de las complicaciones. Aunque tmbién se pueden dar casos sintomáticos en personas que viven en zonas boscosas o cerca de ellas y que tienen una exposición indirecta o reducida a animales infectados.

El diagnóstico definitivo de la viruela símica solo se puede establecer mediante pruebas de laboratorio. El virus se puede identificar mediante diferentes pruebas que tienen que realizarse en laboratorios especializados.

En cuanto al tratamiento, la OMS advierte de que no hay tratamientos ni vacunas específicas contra la infección por el virus de la viruela símica, aunque se pueden controlar los brotes. En el pasado, la vacuna antivariólica demostró una eficacia del 85% para prevenir la viruela símica. Sin embargo, la vacuna ya no está accesible al público, puesto que se suspendió su producción tras la erradicación mundial de la viruela. Con todo, la vacunación antivariólica previa puede contribuir a que la evolución de la enfermedad sea más leve.

Durante los brotes de viruela símica, el contacto estrecho con otros pacientes constituye el factor de riesgo más importante de infección. La OMS recomienda evitar el contacto físico estrecho con las personas infectadas por el virus de la viruela símica. Y en las zonas endémicas debe focalizarse en evitar cualquier contacto con roedores y primates y, en segundo lugar, limitar la exposición directa a la sangre y la carne, y cocinarlos a fondo antes de consumirlos.

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