Styx: Blades of Greed Análisis – El regreso triunfal del sigilo puro y codicioso

Nacho Pérez

Por fin ha llegado Styx: Blades of Greed, la esperadísima tercera entrega de esta saga desarrollada por los veteranos de Cyanide Studio y distribuida por la editora Nacon. El arte del sigilo puro, ese que castiga el combate directo y premia la paciencia extrema, parecía en peligro de extinción en la industria moderna de los videojuegos. Sin embargo, nuestras plegarias han sido escuchadas desde las sombras.

En esta ocasión, el sarcástico goblin verde vuelve a la carga liderando su propia tripulación con una nueva adicción visceral: el Cuarzo, un valiosísimo recurso mágico. Nosotros nos hemos adentrado en sus vastos escenarios para comprobar si esta aventura está a la altura de su legado histórico. Nos hemos convertido en el trasgo más pícaro de los videojuegos y nos lo hemos pasado pipa.

Lo primero que notamos al jugar a Styx es cómo la estructura del mundo ha evolucionado radicalmente. Esta entrega abandona la linealidad estricta para abrazar un diseño de escenarios amplios y verticales que beben directamente del género Metroidvania. No estamos ante un mundo abierto vacío repleto de iconos irrelevantes; el juego nos ofrece enormes zonas interconectadas, densamente pobladas y magistralmente diseñadas.

Styx tiene alma de Metroidvania

A medida que desbloqueamos nuevas herramientas y poderes de Styx, el título nos invita a volver sobre nuestros pasos para descubrir rutas secretas y botines ocultos. Nosotros apreciamos enormemente esta decisión de diseño, ya que convierte cada nivel en un intrincado rompecabezas arquitectónico. La verticalidad es absoluta, obligándonos a pensar constantemente en tres dimensiones para planificar nuestras vías de infiltración y escape.

El núcleo jugable sigue siendo el sigilo innegociable. Si nos descubren, estamos en franca desventaja; aquí no somos guerreros imbatibles, sino ladrones escurridizos. Pese a nuestra fragilidad, las mecánicas de travesía han recibido una inyección de pura adrenalina. Las nuevas opciones de movilidad nos permiten realizar acrobacias imposibles, agarrarnos a cornisas in extremis y planear surcando corrientes de aire ascendentes.

Pero para pelear contra los distintos enemigos solo tendremos la posibilidad de atacar débilmente con la X o con el Cuadrado y esquivar. En caso de ser detectados y que varios rivales se abalancen sobre nosotros, podemos darnos por muertos. Eso sí, este Styx es un acróbata y nos encanta ver cómo se mueve a través de las sombras. Es un gran juego tanto para jugarlo como para observarlo como espectador.

La Belleza de las Sombras

Styx

Es un deleite absoluto encadenar movimientos fluidos por los altísimos tejados. El arsenal de artilugios es increíblemente versátil, permitiéndonos afrontar cada situación con una creatividad pasmosa. Consideramos que Styx nunca se había sentido tan ágil y letal al mismo tiempo. Esa sensación táctica de ser un depredador invisible jugando cruelmente con las presas antes de robarles el cuarzo es inmensamente satisfactoria.

En una época donde muchos títulos diluyen sus mecánicas de infiltración para ser lo más accesibles posible, el mayor logro de Styx es su inquebrantable negativa a comprometer su identidad. Aporta una libertad de resolución de conflictos que rinde un merecido homenaje a los grandes clásicos del género, pero aderezado con un toque muy moderno.

Styx tiene misiones de robar un artefacto o asesinar a un blanco clave, y te otorga libertad total para orquestar el plan. Podremos planear el cómo entrar, cumplir la tarea y salir. Pero los fallos, normalmente, serán nuestros y si una misión fracasa será nuestra culpa, ya sea por habernos precipitado o por fallar en un momento clave. Igualmente la victoria también será nuestro mérito. Eso sí, como fallo vemos que la cámara no es lo más certera a veces en su posición.

Una Joya Imperfecta pero Imprescindible

Gráficamente es un juego de luces y sombras este Styx, nunca mejor dicho. Si la iluminación nos ha parecido genial, las texturas no son lo mejor que hemos visto. Aun así, es un juego que se ve muy bien y se disfruta con su lugubrez y oscuridad. En cuanto a la parte sonora, también cuenta con melodías que ascienden en las partes más críticas y con un doblaje al inglés bastante bueno. Y lo mejor es la traducción por textos al castellano.

Styx: Blades of Greed es una joya en bruto que ningún amante acérrimo del sigilo debería obviar jamás. A pesar de sus evidentes asperezas técnicas y de un combate cuerpo a cuerpo que resulta deliberadamente torpe, la genialidad incontestable de su diseño de niveles y el arrollador carisma del protagonista compensan cualquier cosa negativa. Ellos saben sus fortalezas y debilidades y con eso, han hecho un juego muy muy disfrutable que recomendamos.

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