Jornada especialmente emocionante para la infanta Elena, que este lunes ha recibido el XVIII Premio Taurino Especial de la Asociación Taurina Parlamentaria en el Senado por su defensa y apoyo constante de la tauromaquia, convirtiéndose en el miembro de la familia del Rey Felipe al que más veces hemos visto en una plaza de toros en los últimos años desde que su padre, el Rey Juan Carlos -otro apasionado confeso de la Fiesta Nacional- dejó España para instalarse en Abu Dabi en agosto de 2020.
Dos días después de arropar junto a Victoria Federica y Froilán -que continúan con la tradición familiar a diferencia de sus primos Urdangarín, de la Princesa Leonor y de la Infanta Sofía, a los que nunca hemos visto en una corrida- a Morante de la Puebla en Marbella, la duquesa de Lugo ha reaparecido en la Cámara Alta y, muy emocionada con la ovación que le han brindado al recoger el galardón, ha pronunciado un significativo discurso.
«Es para mí un gran honor recibir este premio taurino. !uiero expresarles mi sincero agradecimiento por esta distinción. Mi pasión por la fiesta de los toros siempre ha sido un compromiso y este reconocimiento es un estímulo para seguir promoviendo nuestra querida tauromaquia» ha expresado, haciendo un guiño a sus hijos al celebrar que «estamos viviendo un renacer por esta tradición en España, especialmente entre la juventud se percibe pasión y un deseo genuino de conocer y valorar nuestras raíces».
Fiel a la elegancia que la caracteriza, doña Elena ha deslumbrado con un estilismo veraniego protagonizado por un vestido romántico en color blanco con pequeñas flores bordadas en tonos azules, rojos, amarillos y verdes, que ha combinado con una chaqueta corta con botonadura frontal y solapas clásicas en naranja, y salones de tacón sensato en cámel. Con el pelo semirecogido, ha completado su look con un llamativo broche dorado en la solapa -muy similares a los que suele lucir su madre la Reina Sofía- y pendientes colgantes de forma redonda a juego.