De Twitter a X: ¿cuánto ha cambiado la red social desde la compra de Musk?

Redacción

El 26 de octubre de 2022, Elon Musk llegó cargando un lavadero a las oficinas principales de Twitter en San Francisco, Estados Unidos. Con un “asimílenlo”, daba a entender lo que en horas posteriores sería una realidad: por 44 mil millones de dólares, estaba adquiriendo la red social.

Aunque la situación se remonta a muchos meses atrás, cuando el magnate puso la primera oferta y luego se arrepintió sobremanera, es desde octubre en el que oficialmente empezó a encargarse de la plataforma, la que luego conoceríamos como X. ¿Cuánto ha cambiado realmente la red social desde la llegada de la nueva administración?

Recortes y cambios sustanciales

Twitter había sido adquirido para “ser una plaza digital común”, afirmó Elon Musk, y para lograrlo, debía renovar todo, hasta sus cabezas.

Pero lo que no se esperaban los trabajadores es que realmente haya un despido masivo de ellos: más del 80 % de los 7500 empleados fueron despedidos, incluyendo su director ejecutivo de aquel momento, Parag Agrawal.

Los que quedaban, trabajaban de manera “hardcore”. Famoso es el caso de la gerente de producto, Esther Crawford, que dormía en las oficinas ante la gran carga de labores impuesto por el magnate. Meses después, fue otra de las despedidas.

Con menos trabajadores, empezaron una serie de medidas de reducción de oficinas. Mientras cancelaba una gran cantidad de oficinas en Europa y la propia Estados Unidos, evadía el pago de alquileres en el resto, incluida la sede oficial de San Francisco. Los trabajadores incluso tenían que llevar su propio papel higiénico para el ahorro de costos.

Muchos personajes famosos abandonaron la plataforma desde octubre de 2022, acusando a Musk de permitir voces «no deseadas» en Twitter y poniendo en duda su estilo de gestión.

Si esto ya no era suficientemente polémico, en noviembre del año pasado, Musk dijo en Twitter que “la gente ha hablado y el expresidente estadounidense Donald Trump será reinstalado”. El político había sido expulsado de la plataforma por incentivar el asalto al Capitolio.

¿Lo curioso? Lo decidió gracias a una encuesta hecha a sus seguidores, una recurrente en próximas medidas que tomaría.

La plataforma empezó a sufrir de la caída de anunciantes, quienes ven en Musk una figura amenazante para sus intereses.

Por lo mismo, y como forma de obtener mayores ingresos desde otros frente, Twitter anunció en abril que eliminaría la insignia de verificación de las cuentas heredadas (si es que eras una persona relevante para la sociedad) para promocionar su suscripción Twitter Blue. Por 8 dólares mensuales, accedías a una serie de beneficios como editar tuits, pero también podías suplantar cualquier identidad cambiando tu nombre y foto de perfil. Recordamos cuentas falsas de Nintendo con Mario hablando groserías, generando desinformación de forma masiva.

Según Bloomberg, se estima que entre 950.000 y 1,2 millones de personas pagan ahora por el servicio premium mensual de 8 dólares, menos del 1 % de los usuarios registrados.

El algoritmo del sitio también se modificó para garantizar que la voz de Musk sea la más destacada a diario.

Ante tantos disparos a Musk, el magnate realizó un cambio clave: dejaría de ser el CEO para pasar a dirigir el área de tecnología. Su reemplazante sería Linda Yaccarino, la exgerente de venta de anuncios de NBCUniversal, quien tenía la difícil misión de enfrentarse a la reducción progresiva de ingresos por publicidad.

Su ingreso, no obstante, no ha cambiado mucho el panorama. Sigue siendo Musk quien hace los anuncios de las nuevas actualizaciones de la plataforma, además que sigue tuiteando lo primero que piensa, sin considerar los tipos de consecuencia que puede tener en la app.

“En Twitter, la voz de todos importa”, señaló Yaccarino en sus primeros discursos.

Yaccarino tuvo su primera gran crisis con el anuncio de Musk de limitar la visualización de publicaciones al día: los usuarios iban a ver solo una cantidad de tuis al día para “evitar que los bots sigan robando su información para el entrenamiento de la inteligencia artificial”.

Allí, dentro del desarrollo de varias alternativas, sería Threads de Mark Zuckerberg, quien se lance y genere una gran aceptación de la comunidad: sería la app más rápida en llegar a los 100 millones de usuarios registrados.

La efervescencia sería bien resistida por Twitter, pese a que en las primeras semanas lo nuevo era lo más atrayente. Es ahora Meta quien trata de que las personas que se registraron en sus primeros días, regresen a ella.

El lanzamiento de Threads ahondó más la rivalidad entre Zuckerberg y Musk. Incluso este último lo retó a una pelea en jaula, aunque no llegó a darse a cabo.

No todo fue malo

El cambio más grande que hubo en Twitter es, claramente, que ya no se llama Twitter. X fue el nombre escogido por el multimillonario, una letra que lo acompaña desde que inició en internet.

Pero no es precisamente esta letra el acierto, sino el objetivo: querer convertir la app en una multiusos, donde el usuario puede publicar, conversar, llamar, transmitir en vivo y a la vez mover sus finanzas.

La idea ha ido implementándose de manera paulatina, con herramientas que ya se están lanzando al público. Desde realizar llamadas de audio y video, la aceptación de billeteras digitales, ver a Musk transmitiendo Diablo IV frente a sus miles de seguidores y más medidas han ido implementándose de buena manera, aunque sin ser revolucionarias ni generando mayor impacto que las malas decisiones tomadas de forma paralela.

Pero los usuarios verificados sí han obtenido una recompensa monetaria. En febrero, en medio de informes de que Twitter estaba perdiendo 4 millones de dólares por día, el multimillonario tecnológico dijo que la plataforma pronto compartirá los ingresos publicitarios con los creadores de los anuncios que aparecen en sus hilos de respuesta.

Tras ello, muchos creadores de contenido empezaron a ser beneficiados de la propuesta. No reciben miles de miles de dólares, pero mantienen ciertos ingresos que los alientan a seguir publicando en la red.

Este mes, la Comisión Europea abrió una investigación sobre el propietario de X, Musk, por una supuesta difusión de contenido ilegal y desinformación, en particular, la difusión de contenido terrorista y violento y discursos de odio a raíz de la guerra en curso entre Israel y Hamas.

Yaccarino respondió diciendo que la compañía está trabajando activamente con socios, gobiernos, reguladores y formuladores de políticas para combatir la desinformación.

Con el despido de puestos claves, las áreas de moderación fueron eliminados, causando un caos con la información que se publica diariamente. Dentro de lo grave de esta situación, se resalta el apoyo de la comunidad con las, valga la redundancia, notas comunitarias: son los usuarios quienes, al detectar una noticia falsa, los que añaden contexto y explican el origen de los datos.

El futuro: ser de pago para todos

X ahora mantiene un futuro cercano muy desafiante: Elon Musk quiere recuperar el dinero perdido por ingresos publicitarios cobrando el uso de la plataforma a todos los usuarios.

Lo primero que ha hecho fue anunciar oficialmente que su X Premium tendrá tres niveles de suscripción, incluyendo el de 8 dólares mensual que ya existe. Es el plan básico el que mayor miedo da ya que, en sus descripciones, es el uso convencional de la red social.

El miedo llega también desde Nueva Zelanda y Filipinas, donde X ya cobra 1 dólar anual a las nuevas cuentas que quieren utilizar la plataforma. Aún existirán cuentas gratuitas, pero estas solo podrán leer las publicaciones y ver los videos sin poder interactuar.

Hasta la fecha, los números de usuarios de X han bajado en relación a la última administración de Twitter. Sin embargo, las estimaciones no se esperaban tan alta resistencia de muchos usuarios para migrar a otras redes sociales. Son los usuarios los que han mantenido la relevancia de X ante los desaciertos de Musk, los cuales superan con creces sus aciertos.

Según estimaciones, de los 44 mil millones que pagó Musk por la plataforma, ahora X vale menos de 10 mil. ¿Entramos a un nuevo año con incertidumbre o con confianza?

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