Bohemios es, sin duda, vuestra próxima parada obligatoria si alguna vez habéis soñado con dejarlo todo, mudaros a una buhardilla en Montmartre y dedicar vuestra vida a la pintura entre nubes de humo y charlas existencialistas. Diseñado por Jasper de Lange y traído a España por la editorial Devir, este título es mucho más que un simple juego de cartas.
Bohemios es una sátira brillante y una carta de amor a esos artistas errantes que intentaron cambiar el mundo mientras luchaban contra la distracción, la pobreza y, ocasionalmente, alguna que otra enfermedad venérea. Es un juego con alma que no teme reírse de la propia figura del artista atormentado. Un viaje maravilloso al París de hace dos siglos donde el arte era supervivencia.
La mecánica central de Bohemios gira en torno a la gestión de nuestro tiempo y la planificación de rutinas diarias. Cada jugador debe organizar su jornada llenando espacios con actividades que generen inspiración, la moneda de cambio para casi todo en este universo. Sin embargo, el diseño refleja magistralmente la facilidad con la que un artista puede distraerse.
Bohemios nos hace el día a día

Puedes empezar el día con la intención de escribir un soneto eterno, pero terminar sucumbiendo a un romance apasionado que parecía mucho más urgente en ese instante. Esta lucha entre la ambición artística y los placeres mundanos es el corazón de Bohemios. Las cartas de «rutina» se combinan para producir recursos, pero siempre bajo la sombra de la procrastinación.
Un elemento diferenciador en Bohemios es la inclusión de las Musas y los Problemas. Las musas actúan como potenciadores de nuestras rutinas, permitiéndonos desde obtener descuentos en cartas hasta declarar que la absenta es nuestra única fuente de inspiración para olvidar las penas. Pero claro, la vida del artista no es solo vino y rosas; los «Problemas» como el narcisismo, las fijaciones o incluso la falta de vivienda, son barreras.
Y son obstáculos que debemos gestionar en Bohemios antes de que se conviertan en un desastre total. Nos ha impresionado cómo el juego utiliza estos elementos para crear un arco narrativo real: empezamos con trabajos precarios como mendigos o periodistas, soñando con la gloria, pasamos por una crisis existencial a mitad de partida y, con suerte, logramos un regreso triunfal a la infamia artística antes de que el mazo se bloquee por completo.
Las ilustraciones de las cartas son maravillosas

Otra de las cosas que destaca en Bohemios es su parte física. Tenemos un juego muy bonito con unas 60 cartas pulcramente ilustradas por Hanna Kuik, haciendo de cada postal una obra de arte y una declaración de intenciones. Ellas nos irán narrando nuestro día a día en la vida del siglo XIX de Bohemios. Tiene también una variante en solitario que funciona a la perfección pero pueden jugar hasta 4 personas con partidas de más o menos 1 hora.
Bohemios de Devir es una de esas joyas que consiguen que la ambientación eleve el diseño mecánico a otro nivel. La experiencia de juego es tan sólida y divertida que cualquier duda se disipa en la primera partida. Es un título que nos hace reflexionar, con un humor negro muy fino, sobre el valor de lo que creamos y las mil formas en las que nos saboteamos a nosotros mismos.
Ya sea jugando con amigos o probando sus excelentes modos en solitario, el juego nos deja con esa sensación agridulce de que el arte está ahí mismo, al alcance de la mano, si tan solo dejáramos de mirar el móvil o de perder el tiempo. Pero también nos dice que muchos de los artistas que lo intentaron, se quedaron por el camino. No todos pueden llegar a vender un cuadro.